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En el último programa de 2023, repasamos tres minutos de algunos de los programas emitidos durante el año.
Revisitamos a: José Gamarra, Marcos Medina, el paseo de Pincho Casanova por "Macondo", Karina Flores, Eliana Carvidón, Rodrigo Fló, Carlos Palleiro, Avi Sabah y Pedro Tyler, Hugo López Chirico.
Estos programas, como todos los emitidos, están en el archivo elmonitorplastico.com.
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Aunque proviene de una formación científica, de la que no reniega, Roberto Fernández Ibáñez está profundizando en otros ámbitos, menos ceñidos a lo racional y a la constatación empírica.
En este programa el artista recibe en su taller a Pincho Casanova de El Monitor Plástico. Dice que no se define estrictamente como poeta ni como fotógrafo, aunque, reconoce, «lo suyo» es la fotografía.
Roberto está interesado en los temas del tiempo, la memoria, la esperanza. Destaca la oposición desencanto / reencantamiento; en este momento está profundizando en particular en el reencantamiento del mundo, que es la meta a la que quiere llegar. Dice que se ha perdido el sentimiento de lo mágico. Él se formó en una disciplina científica como la Química, que le ha aportado conocimientos fundamentales para su práctica en la fotografía, pero también quiere rescatar esos otros ámbitos.
Nos presenta su libro «La última vez que fue visto un unicornio», con fotografías y textos propios. La imágenes fueron capturadas con una cámara estenopeica: una caja estanca donde la luz entra solo por un pequeño orificio (estenopo), impresionando el material fotosensible ubicado en la cara opuesta. Esta técnica exige una larga exposición, por lo tanto, solo quedan registrados con nitidez los objetos que están quietos. En el libro el narrador relata que en su deambular está acompañado por un unicornio, que no queda registrado en las imágenes, precisamente, porque se mueve. Solo aparece en la última fotografía, que se ha logrado en el único momento en que está paciendo sosegadamente.
Roberto nos habla del trabajo compartido con su esposa Alicia Acuña, dibujante técnica, artesana, participante de la Feria del Libro y el Grabado de Nancy Bacelo. Como un ejemplo, nos muestra un candelabro de autoría de Alicia, de donde él tomó la imagen del unicornio.
Comparte su libro «Contemporaneidad de las brujas» (2018, Yaugurú), que responde a la necesidad de dar visibilidad a la violencia de género. Con esa perspectiva se contactó con mujeres de su entorno que podían haber sido consideradas «brujas» en otro momento histórico solamente por su independencia.
El disparador de cada trabajo puede ser una palabra, una noticia en televisión, o ideas surgidas mientras corría maratón, como ocurrió con las fotografías de su muestra «Ojos de topo» (1991-1992). En ellas fotografió su cotidianeidad tal como la veía sin anteojos. La técnica usada fue la suma de múltiples exposiciones y desenfoques; fue su única experiencia de laboratorio en color.
Luego, cámara en mano, Pincho sigue al artista por un camino a través de los árboles hasta una construcción aparte. Llegamos entonces al laboratorio, un espacio repleto de ampliadoras, mesas con escuadras, cajas de papel fotográfico, cubetas de revelado e innumerables frascos alternando con banderines de Liverpool y de Nacional. El artista reconoce estar cómodo en ese recinto, y nos confía: «Acá es donde surge todo».
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La palabra italiana «percorso» no tiene una correspondencia literal en el castellano. Habitualmente es traducida como «recorrido», elección que deja velada la esencia de la palabra en el original: un movimiento que atraviesa, una dirección definida, un dinamismo marcado. Es revelador conocer la etimología de la palabra: proviene del latín per currere, «correr a través».
En este programa la artista Judith Estela Britez Di Sano, junto a la cocuradora Giulia Ampollini, recibe a Macarena Montañez en la muestra «Percorso Madí», en el Museo Torres García. Es precisamente Giulia quien profundiza en el significado de la palabra «percorso», mientras que Judith nos relata que la elección del nombre surgió en una búsqueda conjunta con el cocurador de la muestra, el también artista Marcelo Larrosa, su compañero.
El uso de una palabra en italiano también alude a las raíces familiares: su abuelo Vincenzo Di Sano, escultor, y su abuela, también artista, nacieron en Italia. Judith, además, ha expuesto su obra allí; «percorso» también alude a ese movimiento.
Giulia Ampollini nos habla del otro componente del título: Madí, una corriente artística multidisciplinar que surgió en la década del cuarenta en Buenos Aires. Fundada por los uruguayos Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss y por el argentino-húngaro Gyula Kosice, Madí fue una de las primeras escuelas de arte abstracto en Latinoamérica.
En la muestra se encuentran tres vertientes: la geométrica, con las obras concretas; los trabajos más identificados como Madí; y el arte constructivista. Agradece el apoyo de Sofía Kunst, quien fuera esposa de Carmelo Arden Quin.
La artista se interesó en la teoría de Madí a partir del año 2009. Encontró que iba en la misma línea del trabajo que desarrollaba en el ámbito de lo social: la ruptura con las normas establecidas, la búsqueda de caminos nuevos (en definitiva, como en el título: «correr a través»). Rescata el aspecto lúdico de Madí, que Carmelo Arden Quin asimiló de Torres García, con quien había generado un vínculo importante. Judith recoge ese componente lúdico y lo considera clave en su propia obra.
La artista investiga materiales diversos: cartón, hierro, acrílico, textiles, cuero.
Vemos monocopias y obras realizadas en hierro. En estos casos el proceso se inicia con una forma geométrica en cartón que será la matriz de impresión de una monocopia. Finalmente, a partir de esa forma impresa, en muchos casos se genera un trabajo en hierro.
La cámara de Macarena luego recorre obras en telar; algunas de ellas de singulares proporciones, muy angostas y de gran longitud. Judith hace un reconocimiento a la artista Ana María Solimano, su docente en esa técnica en la Escuela Figari. Más adelante menciona también las enseñanzas de los artistas Claudia Anselmi y Daniel Tomasini.
Finalmente visitamos su taller, donde comparte con El Monitor otras obras: un libro de artista, pequeñísimos objetos textiles, obras de cuero, formas geométricas bordadas sobre papel.
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Integrante de una familia en la que la ancestralidad indígena, alternativamente, se mostraba y se ocultaba, Leandro Bustamante Reina creció en Montevideo escuchando el discurso imperante acerca de una sociedad formada por descendientes de europeos. Aunque no se sentía identificado con esa idea, durante su primera juventud tampoco la cuestionaba explícitamente. La toma de conciencia acerca de la numerosa presencia indígena en el país y su propia pertenencia a esa comunidad llegó recién a sus 27 años, gracias a un viaje por otros países latinoamericanos.
El rescate de las palabras y saberes de su abuela materna, sus propias investigaciones, la continuidad del trabajo en su obra, llevó a Leandro a consolidar esa pertenencia y a expresarla en el arte. Hoy se reconoce como indígena y, específicamente, como integrante de la nación charrúa.
En 2023 el artista fue distinguido con el Premio Paul Cézanne que otorga la Alianza Francesa de Montevideo por su obra "Retazos del olvido que nos une". En ese marco recibió a El Monitor Plástico, en la sala de la Alianza.
Acompañado por Ana Gotta, curadora de la muestra, Leandro comparte vivencias familiares; se remite una y otra vez a esa abuela (desde el valor de sus conocimientos a recuerdos que lo sorprenden, como el hecho de que ella usara peyorativamente un término indígena como quillapí); comenta fotografías que son parte de la exposición.
Nos acercamos luego a los dibujos del artista. Están presentados en, precisamente, "retazos", que, unidos, forman una composición de grandes proporciones. Se reconocen fragmentos de algunas de las fotografías familiares; también están recreados hechos históricos (como la batalla de Yacaré Cururú); se incluyen retratos de sus pequeñas hijas, su propia descendencia.
Leandro dice que todos los descendientes de indígenas tienen recuerdos o referencias en "retazos" sueltos, y su propuesta es unirlos. En definitiva, todos convergen en un discurso parecido y forman una identidad. También desde el punto de vista formal el uso de retazos tiene su significación en esta obra; es una referencia a las tolderías. Esa alusión se refuerza por el tratamiento del color (grises y colores terrosos, de paleta baja; los materiales usados son carbonilla y tierras de color).
En muchas de las imágenes el artista "puso el cuerpo", aun haciéndose partícipe de aquella batalla de 1832, donde charrúas y guaraníes vencieron al ejército del gobierno de Fructuoso Rivera (una cierta justicia, apunta Leandro, después de la matanza de Salsipuedes).
Como destaca Ana Gotta, en esta obra el tiempo no está planteado en una secuencia lineal, sino que pasado, presente y futuro se superponen en diferentes niveles de lectura. Las situaciones se destacan en su nitidez o se desvanecen según los momentos que se van atravesando. También se alternan el plano personal con el plano histórico; aunque no separados, sino integrados en una totalidad.